La ansiedad es una emoción necesaria para nuestra supervivencia.

Sin ella no podríamos sobrevivir al simple cruce de una calle atestada de tráfico, ya que nos activa y pone en tensión para responder correctamente ante los posibles peligros.

El problema viene cuando esta emoción se desborda y se automatiza, aumentan la intensidad, la frecuencia y la duración de sus síntomas y hace que veamos más peligros de los que hay realmente, predisponiéndonos a sufrir patologías más graves.

Las necesidades diarias del mundo actual requieren que nuestra cabeza se mantenga fría y nuestros nervios bajo control, sin embargo nuestro cuerpo sigue reaccionando como el de un mono atacado por un león.

Los síntomas de pensamiento más característicos son sentimientos de malestar, preocupación, hipervigilancia, tensión, temor, inseguridad, sensación de pérdida de control, percepción de fuertes cambios fisiológicos (cardiacos, respiratorios, etc.)

Nuestro cuerpo reacciona con cambios importantes tales como la tasa cardiaca, tasa respiratoria, sudoración, temperatura periférica, tensión muscular, sensaciones gástricas, etc. Si estos síntomas persisten en el tiempo pueden predisponer a sufrir desórdenes psicofisiológicos transitorios, tales como dolores de cabeza, insomnio, disfunción eréctil, contracturas musculares, disfunciones gástricas, etc.

Y ya por último, los síntomas de comportamiento más habituales son la inquietud motora, hiperactividad, movimientos repetitivos, dificultades para la comunicación (tartamudez), evitación de situaciones temidas, consumo de sustancias (comida, bebida, tabaco, etc.), llanto, tensión en la expresión facial, etc.

Llámanos y te ayudaremos a controlarla.