La ira al igual que la ansiedad y la tristeza es una emoción, cuyos efectos o síntomas más frecuentes son los siguientes:

Efectos Subjetivos: La ira produce sentimientos de irritación, enojo, furia y rabia. Focalización de la atención en los obstáculos externos que impiden la consecución del objetivo o que son considerados responsables de la frustración. La ira también produce una sensación de energía o impulsividad, de necesidad subjetiva de actuar física o verbalmente de forma intensa e inmediata.

Activación fisiológica: Los principales efectos se dan en el Sistema Nervioso Autónomo. Se produce una elevación de la frecuencia cardiaca, en la presión sistólica y diastólica, de la salida cardiaca, de la fuerza de contracción del corazón, y reducciones del volumen sanguíneo y de la temperatura periférica. También hay elevaciones en la tensión muscular general. Aumenta la secreción de adrenalina lo que proporciona un incremento de energía y posibilita el acometer acciones enérgicas.


Los desencadenantes más habituales se refieren a las situaciones en las que nos sentimos heridos, engañados o traicionados. Son situaciones en las que nos vemos bloqueados o impedidos para alcanzar una menta o en la satisfacción de una necesidad, que consideramos que nos pertenece o que tenemos derecho a ella. Estas situaciones son valoradas como injustas o que atentan contra nuestros valores y la libertad personal, haciendo frecuentemente responsables de ellas a otras personas como se actuaran con mala intención.

La ira y el miedo son las dos emociones más intensas, siendo la ira potencialmente la más peligrosa (pudiendo en situaciones extremas generar respuestas violentas verbales e incluso físicas), y tiene así mismo consecuencias muy negativas a nivel social, físico y emocional.

Lo importante es saber que si no hay un buen manejo y control de ira ambas tiene consecuencias negativas: Una fuerte expresión de ira externa puede ser negativa si consideramos las posibles consecuencias y perdidas sociales, una fuerte ira interna produce una alta activación fisiológica, repercutiendo de forma negativa en la salud.

La persona que aprende a controlar su ira controla su vida, no acumula ideas negativas y es capaz de mantenerse en buena relación con los demás.