Los trastornos de alimentación, como la anorexia y bulimia nerviosa, son un problema creciente en las sociedades industrializadas. El culto a la imagen corporal y la moda de la delgadez, típicas de nuestra cultura en las últimas décadas, parecen elementos determinantes en el surgimiento de estos problemas que afectan principalmente a mujeres jóvenes.

La anorexia nerviosa es un trastorno grave de la alimentación que se caracteriza por el rechazo a mantener el peso en los valores mínimos normales y que se acompaña de una alteración de la imagen y el peso corporal. El enfermo provoca una importante pérdida de peso a través de una conducta de ingesta muy anómala imponiéndose una dieta muy rigurosa y restrictiva, y lleva a cavo una serie de conductas dirigidas a adelgazar como el ayuna, el ejercicio físico, el vómito, laxantes, enemas, diuréticos,...

Existen dos tipos de anorexia nerviosa, la restrictiva y la compulsivo purgativa. En el primer caso la restricción de alimentos es severa y constante, el individuo con recurre regularmente a los atracones o las purgas, mientras que en el segundo los periodos restrictivos se alternan con atracones u purgas.

La bulimia nerviosa, consiste en la aparición de episodios frecuentes de voracidad seguidos de conductas compensatorias inapropiadas, como el vómito autoprovocado, el abuso de fármacos, laxantes, diuréticos, ayuno o ejercicio físico excesivo. Comparte con la anorexia la preocupación persistente por el peso y la comida, un miedo intenso a engordar.

Existen así mismo dos subtipos de bulimia nerviosa, la purgativa y la no purgativa, en al primera el método para compensar los atracones es de tipo purgativo (vómitos, laxantes, diuréticos y enemas), mientras que en el segundo recurren a otro tipo de estrategias compensatorias como el ayuno y el ejercicio físico excesivo.

Aunque como es bien sabido las variables que predisponen a desarrollar un trastorno de alimentación son múltiples ya que intervienen factores biológicos, sociales, de personalidad, familiares, etc. Las teorías más aceptadas consideran a la ansiedad como una pieza fundamental en el origen y mantenimiento de los trastornos siendo por tanto clave su tratamiento.

La terapia cognitivo conductual fue aplicada por primera vez en el tratamiento de los trastornos de alimentación a mediados de los 80, y hoy día, y a pesar de la variedad de tratamientos, existe suficiente evidencia empírica que muestra la superioridad de la terapia cognitivo conductual, frente a otras alternativas de tratamiento. Desde el tratamiento cognitivo conductual se abordan tanto los componentes conductuales del trastorno referidos principalmente a la conducta de ingesta como los componentes cognitivos relacionados con la autoestima, la imagen, etc., así como el resto de componentes emocionales y sociales que acompañan a estos trastornos.